domingo, 1 de abril de 2012

Crónicas de la bruja. Relato quinto. Cerdo solo hay uno

(webeado)

Cerdo solo hay uno, o la historia de un empleo que no me duró ni un mes

Hace poco más de un año fui despedida de un puesto burocrático al que me aferré algún tiempo, con expectativas de jubilación y otras necesidades de consumo superfluo e ilusiones de estabilidad monetaria que nos inculcan los jefes y patrones, conceptos que llegan a ser tan fuertes como los que apuntalan unos lazos matrimoniales que no nos atrevemos a romper aún cuando la violencia sea la constante en la mayoría de los matrimonios.
Habiendo renunciado hace muchas décadas a las relaciones de pareja destructivas, no pude percibir que había entablado relaciones laborales de esa naturaleza, cuando comencé aceptar los múltiples abusos de un pequeño jerarca al que nombré El Cerdo S.A., quien permitió y fomentó contra mí el delito todavía no tipificado pero ahora tan de moda, llamado mobbing (o ataque en manada) que algunos reporteros confundieron con el buyilling en la cobertura reciente al asesinato de un niño en Huehuetenango.
El proceso de acoso laboral terminó con mi despido, que si bien al principio me dejó secuelas de tristeza y desvalorización, pocas semanas después me permitió volver a ser quien era cuando inició el acoso, aunque había recibido tantas señales de alerta que debí salir corriendo antes de firmar el primer contrato, pero me detuvieron los “imaginarios” que como antes decía, construyen los poderosos para mantenernos en nuestro lugar, como obedientes y sumisas criaturas que se arrastran con la ilusión de la estabilidad.
Como lógica consecuencia de las constantes humillaciones y devaluaciones de mi trabajo (que sin embargo era presentado dentro de los logros de la unidad y tomado como modelo para los formatos de diversos productos), me convertí en alguien que jamás quiero volver a ser. Una mujer amargada, prematuramente envejecida, llena de odio y sin ganas de vivir. Una pobre empleada que todos los días regresaba a su casa “dentro de una gabardina con manchas de soledad”
Una persona triste y resentida, con trastornos digestivos y dolores de espalda, además de malos sentimientos hacia un montón de gente que finalmente no debiera estar por ningún motivo entre los protagonistas de mi película. Pero el despido me sanó y me fortaleció. Sobre todo, me dejó como mensaje fundamental el saber que mi bienestar es generado desde mi interior y que no se encuentra en ningún empleo. Por el contrario, si un empleo perjudica ese bienestar, es necesario renunciar.
Luego de muchos meses realizando varias actividades, desde la venta de mis jabones y cremas hasta la edición de textos y una consultoría de seis meses, me aceptaron en un puesto para el que tengo la experiencia de muchos años y que, si bien con un sueldo bajo, era lo que me hubiera gustado hacer en los próximos dos o tres años.
Muy pocas horas después de contratada, percibí y comencé a sufrir las consecuencias de trabajar en equipo con un grupo bastante amorfo y descabezado, anárquico en el mal sentido y con las características para convertirse en una segunda edición del grupo liderado por el Cerdo S.A. con todo el elenco, incluso el joven delfín para quien yo sería “el niño de azotes”.
Al terminar la segunda semana en el nuevo empleo que tantas expectativas alegres me había generado, estaba totalmente agotada y con un comienzo de dolor en la espalda. La actitud distante y despectiva de quien sería mi jefe, que pese a demostrarme total desprecio se había expresado muy bien de mi trabajo ante los demás, me hizo olfatear que muy pronto estaría de regreso en Xibalbá, convertida en víctima voluntaria de un sistema que aborrece la honestidad y la ética laboral, pero que sobre todo se ensaña contra la rapidez en la ejecución y la creatividad.
Me alejé despreocupadamente, sin mayor protocolo y guiada por el impulso de sobrevivencia que aprendí a cultivar en este último año.
(webeado)






Como respuesta a la primera orden arbitraria, en plena reunión, me levanté y dije que no podía seguir en ese lugar y mejor me iba para mi casa. Recogí mis cosas y salí, sintiendo la dignidad que sentimos al ejercer nuestro derecho a decir que no a los pequeños jerarcas surgidos al amparo de las burocracias, que trasladan los costales de su ineficiencia y desconocimiento a los que están situados en la jerarquía inferior, quienes como si fueran peones coloniales deben adivinar sus pensamientos y temblar ante sus enojos.
Me alejé sin preocupaciones y espero seguir de esa manera. Manteniendo una salud envidiable a pocos días de llegar al medio siglo, con ocupaciones agradables que me permiten sobrevivir y sobre todo, con la certeza de que Cerdo solo hay uno y que jamás volveré a permitir que un jefezuelo cualquiera trate de aplastarme con las botas de su mediocridad.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Los frutos del bonsai...una flor en la azalea

 

Hoy comenzó a florecer mi prebonsai de azalea
Comenzó hace algunas semanas, como un botón blanco que me asombró porque hace un año, cuando la compré en el mercado central, estaba llena de flores rosado oscuro, casi fuscia.

Mi azalea es el primer bonsai que comencé a trabajar desde un arbusto. La afición comenzó cuando el año paasado me gané un olmo chino de ocho años en una rifa y poco después compré esta planta que hoy está floreciendo. A ésta siguió un olmo chino en arbusto de tres años, al que le acabo de separar un acodo aéreo que según parece va a tener éxito.

Al fondo, la azalea después de su traslado
a la maceta de bonsai. El tronco que sobresale
fue eliminado en agosto.


Poco después de la primera poda y de haberle cortado la raíz pivotante, la planta dejó de florecer, aunque siempre ha tenido buena salud. Cuando veía otras plantas similares llenas de flores, mientras la mía parecía que no iba a volver a florecer, pensaba que ese era el precio del corte de raíz y varias podas.

Esta azalea tenía desde el principio una forma particular, que me hizo pensar en el estilo llamado "azotado por el viento". La ventaja en este caso es que no hubo necesidad de alambrarla para darle la forma deseada. Pero tenía un tronco paralelo que debí reducir con varias podas y finalmente, cortarlo para que quedara el tronco principal limpio.

Después de dieciséis meses de tenerla conmigo, comenzó a mostrar cierta resignación por su nueva condición de árbol enano, o árbol en maceta, que es el significado de la palabra bonsai. Y a la resignación siguió cierta alegría, que se manifestó con dos botoncitos blancos que me hicieron sospechar la cercanía de flores. Y aunque el primero de los dos botones tardó varios días para decidirse a asomar a la vida, acercando a mi azalea a la condición de bonsai floreciente, su belleza y la salud que literalmente brota de mi bonsai son suficiente recompensa y al mismo tiempo, enseñanza sobre la principal cualidad que se necesita para conseguir un bonsai: la paciencia.

Mi azalea hoy por la mañana. Detrás y a la izquierda,
el olmo del que conseguí mi primer acodo aéreo,
con la valiosa guìa de mi maestro H, que alambró el olmo,
el cual será estilo "escoba", mientras la copa
será un arbolito estilo "erecto formal":


martes, 22 de noviembre de 2011

Lidia y Alejandro


El retrato de Lidia tiene fecha 1976. Ella me lo regaló en 1980,
en una extraña noche de bohemia en medio de la dictadura militar.

Marta Lidia, retratada por Alejandro
Como todos, supe que se murió Alejandro Urrutia. Mi primer recuerdo de el es su exposición de homenaje a Miguel Ángel Buonarotti, en la galería El Túnel, donde llegó con su humildad de gran artista, vestido de negro y acompañado de Marta Lidia, la compañera con la que compartió veinte años de locura y creación artística. Entonces Alejandro tenía apenas treinta años y yo lo veía como un venerable señor que lo sabía todo sobre el arte. Y casi seguramente no me equivoqué.

Muchos de los dibujos expuestos esa noche de principios de los ochenta en el Túnel eran retratos de Marta o de sus hijos. Dos de estos dibujos vinieron a parar a mi vida en una de esas larguísimas excursiones a las cantinas que realicé en una juventud en la que si bien una dictadura militar relevaba a la otra, no había ley seca y a los "bohemios por no decir borrachos", como decía el sapito Quexel, nos amanecía caminando por las calles del centro, recitando provocadoramente poemas de Maiakovsky o de Otto René Castillo, cantando desentonadamente la Internacional, maldiciendo a los chafarotes, retando a la siniestra dictadura sin más propósito que la rebeldía pura, cercanos a los anarquistas.

En una de esas noches, entrando en una cafetería china de la calle Martí, vi por segunda vez a Marta, que compartió la cerveza y gritó muchas consignas y frases revolucionarias con nosotros y antes de irse sacó de un folder dos dibujos y me dijo: "te los regalo patoja porque vos me caes bien"...no lo quería recibir, no me la podía creer pero me estaba regalando dos de los dibujos expuestos en El Túnel. Uno de ellos, un par de piernas de balletista también a lápiz, terminó con alguien de mi familia. El otro me ha acompañado siempre y es uno de mis tesoros más preciados.

Si no me equivoco, Marta y Alejandro se conocieron cuando los dos eran bailarines del ballet Guatemala, actividad que Alejandro abandonó para dedicarse solamente a la pintura, donde resaltó como uno de los maestros más sólidos y consecuentes.

Cuando tenía veinte años lo oí citar a Modigliani y esta fue una cita que nunca olvidé: "aprende la Academia con la condición de olvidarte de ella", decía siempre en esos primeros años de "democracia", cuando Cerezo gobernaba y los pintores del Cerrito se citaban religiosamente los domingos por la mañana, tal como ahora.

Alejandro visitaba la escuela frecuentemente y todos los pintores se congregaban a escuchar sus frases lapidarias sobre la moral y la política, como también sus narraciones sobre la vida de los pintores y las diferentes escuelas de la plástica.

Lo ví por última vez hace poco más de un año. Entró a Picadilly con otros dos pintores y platicamos unos minutos. Marta había muerto en los noventa, atropellada por una camioneta en una tarde de delirio. Alejandro muere ahora en Antigua Guatemala. Se pierde en la distancia, tomándose la cerveza de todas las tardes en la Mesa Redonda, donde ahora hay una venta de dobladas, sentado en la mesita de siempre, viendo para la sexta y vestido de negro, con el pelo también muy negro y una chalina negra rodeándole el cuello. Saluda a la gente que pasa, entre ellos a los estudiantes de plásticas que se acercan a saludarlo y a tratar de enseñarle sus dibujos para que se los comente.

Salud, estimado maestro.

sábado, 22 de octubre de 2011

La vida, ese milagro


 
Las semillas se engordaron y se abrieron, dejando salir un cordón
umbilical con un piñón en el extremo. Del piñón brotaron las pequeñas araucarias.

 
   Encontré las semillas los primeros  días de agosto recién pasado, cuando atravesaba el parque San Sebastián antes de las ocho de la mañana y las ví, enormes y cubiertas por una corteza verde y me pregunté si sería capaz de lograr que germinaran en mi casa, para algún día en unos quince años, tener bonsais de araucaria.

Tal como estas eran las semillas que encontré
en el parque, hace dos meses. La foto es de la web,
pero las semillas eran idénticas a estas.

Según dicen, es una de las semillas más difíciles de germinar y  una de esas especies de las que es preferible lograr el bonsai por medio de un esqueje y no de semilla, porque la genética puede ser traidora y el hijo no parecerse en nada a la planta originaria. Además de que, por ser de crecimiento lento, debemos esperar varios años antes de ver el arbolito enano en su maceta china o japonesa.
Otra sugerencia para lograr bonsáis de araucaria es encontrar el arbolito de unos cinco años en un vivero, llevarlo a la casa y trabajarlo desde ahí, logrando un prebonsai rápidamente. En todo caso, en este mi primer año de acercamiento con ese arte milenario, no he tenido buena suerte con las coníferas y mientras he logrado resultados aceptables con varios prebonsais de otras especies que comentaré en otro momento, el ciprés y el junípero se murieron, aunque del ciprés logré rescatar algunos brotes.
Por esas malas experiencias no tenía ninguna intención de trabajar con coníferas, pero no pensé en esto cuando encontré las semillas sino más bien lo pensé como una oportunidad de contemplar todo el proceso de nacimiento de un árbol tan majestuoso como esta conífera y aunque faltan muchos años para tener un prebonsai de éstas, ya digo que me han traído muchísimas alegrías. La primera, que germinaron y se convirtieron en plántulas.
El árbol puede llegar a medir hasta 60 metros y es uno de los bonsais más apreciados. Por ser una conífera de crecimiento lento, la araucaria puede tardar 20 años en florecer por primera vez. Las floraciones se repiten cada tres o cuatro años.
Entonces puedo asegurar que tuve una gran suerte al encontrarme con las semillas, de las cuales rompí una para comerme el piñón (no iba a desaprovechar esa oportunidad) Después de sacarlas de su corteza verde, las remojé durante dos días en agua fría y las puse en recipientes planos, con una mezcla a partes iguales de arena cernida y tierra con broza también cernida. Comencé a regarlas sin estar totalmente convencida de que las semillas germinarían.
Y con una sorpresa llena de reverencia ante los misterios de la madre Naturaleza, pude ver a los pocos días cómo comenzaban a engordar hasta llegar casi al doble de su tamaño. Poco después se abrieron y de ellas salieron unos cordones idénticos a los umbilicales de las especies mamíferas. En la punta de cada cordón había un piñoncito hinchado, del que pronto brotaron las plántulas de pequeñas araucarias excelsas.

Una mañana de agosto, en el parque San Sebastián...
Plántulas y semillas
De siete semillas que puse a germinar, cuatro se convirtieron en plántulas, una se pudrió y otra no tenía indicios de germinar. La deseché y esto fue un error, porque ya comenzaba a desarrollar una raíz.
Las dos plántulas que fotografié se ven muy sanas por el momento y espero que alcancen el tamaño indicado para un primer corte de raíz pivotante y luego simplemente dejarlas crecer en una maceta pequeña. La araucaria es una especie que no sólo no necesita, sino más bien, no tolera las podas, por lo que para obtener un bonsai de este árbol, es suficiente con trasladarlo a una maceta pequeña con el sustrato adecuado, que consiste en más tierra con broza que arena. El riego debe ser sobre las hojas más que sobre el sustrato porque sus raíces pueden podrirse fácilmente.

Es un árbol especial, por su antiguedad y por estar en
riesgo de extinción. Puede medir hasta sesenta metros (de la web)

Por el momento estoy gozando el milagro de la vida, expresado en esas pequeñas plantitas que llenan mi cocina convirtiendo mi casa en un bosquecito miniatura. Y dentro de todos esos futuros arbolitos, las araucarias me sorprenden cada día.

Algo sobre la araucaria
Es un árbol mítico, oriundo de América del Sur, específicamente Chile, aunque existen variedades en Australia. Las semillas que encontré pertenecen a una araucaria muy similar a la de la foto, que actualmente mide aproximadamente veinte metros.
Una leyenda atribuye a los piñones o frutos del árbol el concederle a los nativos de Chile una fuerza extraordinaria que les permitió combatir y resistir a los invasores españoles.
En todo caso, los piñones son un fruto farínáceo, que contiene diversidad de aceites beneficiosos para la salud y actualmente es ingrediente de platos muy nutritivos y sabrosos, como la salsa pesto.
Se atribuyen propiedades medicinales a la resina del árbol, considerada curativa en dolores de cabeza, úlceras y contusiones.

En cuanto a la araucaria como bonsai, encontré una foto en la web que ilustra aproximadamente el resultado que espero tener en unos diez o doce años:
Como bonsai es una especie muy apreciada (foto de la web)





viernes, 23 de septiembre de 2011

Salud, dieta y perdón


"Mis amigos son unos atorrantes" (Serrat)
 Llegando al medio siglo puedo presumir de una salud muy buena. Posiblemente porque al cumplir cuarenta cambié mi estilo de vida hacia uno más natural que no excluye momentos de conga, como se ve en la foto que el otro día me tomaron con mis queridos amigos Milvia, Diana y Ronald, tres de las personas a las que más quiero y respeto por su cultura, su sensibilidad y su sentido del humor. Agradezco a la vida porque mis amigos son  alegres y sin complicaciones, aunque muy pocos (tal vez ninguno) pueda presumir de millones en el banco, pedigrée criollo o tarjetas de crédito VIP.  La verdad, no sé ni me importa de dónde vienen mis amistades, en cuanto a sus linajes o créditos académicos (que algunos de ellos los tienen). Lo que valoro es una buena plática, sin pretensiones de intelectualidad y con mucha alegría, que nos hace tanta falta en esta tierra. Mis amigas y amigos son gente libre que no cree en los convencionalismos ni culpabilidades. Los coloco en primera instancia en relación con mi buena salud, porque pienso que de nada me serviría alimentarme sanamente y practicar mi hata yoga todas las mañanas, si no tuviera a todas esas personas amadas a mi alrededor, haciendo mi vida más fácil y amena, acompañándome en los momentos más tristes, como en el entierro de mi querido Rodolfo, asesinado por la iatrogenia de malos médicos. En segundo lugar, para mantener buena salud a los cincuenta, después de la cercanía de mis seres queridos está la dieta sana, que excluye las endemoniadas aguas negras destructoras de los riñones y por supuesto, cualquier clase de animal muerto.
En tercer lugar está el perdón. Hay que perdonar a quienes nos ofenden. Perdonarlos es no tener ningún sentimiento respecto a ellos y no sentir cólera ni molestia por sus vanas ofensas y sus palabras hirientes. Perdonarlos es tratar de restar importancia a los intentos de ofensa y cuando la imagen del agresor se nos presente, sintonizarnos con la Madre y decirle a esa imagen mental de la persona que nos ha ofendido: te perdono y te dejo  ir en paz. Que tus palabras y malos deseos vuelvan al lugar de donde proceden. Que nada de lo que me estás deseando se te cumpla y que jamás volvás a atravesarte en mi camino. 
Y seguidamente, con la agresión totalmente borrada de nuestro mapa mental, pasar a otro asunto. Les garantizo, amigas y amigos, que el perdón será inmediato y que una hermosa sensación de salud llegará a nuestro cuerpo en el momento de alcanzar ese estado tan relajante y agradable que es el perdonar a nuestros enemigos.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Receta robada. Los rollos de acelga

Hace ya más de un mes comí unos rollos de acelga en un restaurante ovolacto que me gusta pero es muy caro, sobre todo cuando se trata de que coman muchas bocas que además comen demasiado bien. Entonces me decidí a tratar de copiar la receta lo más fielmente que pude. Publico el resultado paso a paso, esperando que le sirva y guste a alguien.
 
1. Salsa o recado
2 libras de tomate
El resultado final.

2 cebollas grandes
2 pimientos rojos, grandes
ajo al gusto (puede ser desde 1, yo le pongo 6 ó 7)
1 taza de aceite de oliva extravirgen
Pizca de: sal, azúcar, pimienta
Cortar el tomate en dados gruesos, igualmente en trozos grandes la cebolla, pimientos y ajos. Freír en un poco de aceite de oliva hasta que estén suaves. Agregar agua y dejar que hierva. Salpimentar y dejar que enfríe.

2. Relleno

La okara, lista para rellenar las hojas de acelga o un taco
o para consumirla acompañada de arroz integral.

El principal ingrediente de este relleno es la okara o el residuo que queda de la leche de soya. 
3 tazas de okara
1 rama de tomillo
1 zanahoria, cortada en cuadros muy finos
1 puñado de ejotes cortados en rodajitas muy finas
2 tomates
1 cebolla
1 ajo grande
aceite de oliva
Al gusto: pasas, pecanas, maní, aceitunas, semillas de marañón o cualquier clase de nuez.
Cocer los vegetales al vapor, con una rama de tomillo en el agua.
Cuando estén al dente, escurrirlos y dejarlos enfriar.

Preparación de los rollos
3. Acelgas y otros
3 manojos de acelga muy bien desinfectados. Insisto mucho en esto por los pesticidas que pueden quedar como residuo en los vegetales y producirnos alergias.
Quesos: 1/2 libra de mozzarela y 1/2 libra de quesillo
Pimienta y orégano al gusto
1/2 manojo de hierbabuena desinfectado

Listos para entrar al horno
Preparación
En un pyre.x o molde cuadrado (aprox 10 por 17 pulgadas) se coloca una cama de salsa. Aparte se rellenan las hojas de acelga, que se colocan en el molde por capas, poniendo queso y salsa entre cada capa, finalizando con salsa, queso y hierbabuena. Se hornean a temperatura media (250 centígrados) durante media hora o hasta que las hojas de acelga hayan cambiado de color y el queso esté derretido. Se pueden acompañar con arroz, pasta o papas y aguacate.







lunes, 22 de agosto de 2011

Mi tía la Griselda o la capitana María


La Griselda es la de en medio, la
Chita es la grande y la Dora es la pequeña
 Tengo la suerte de descender de una familia rebelde y contestataria, de personas que creyeron en ideales por los que sacrificaron, no solo su patrimonio sino también sus vidas. Mis tíos y tías Orantes son un ejemplo de esto y hoy quiero hablar de la Griselda, hermana menor de mi padre y cuarta hija de mi abuela Tita. Yo, con el privilegio de ser la sobrina mayor, la bauticé como Tela.
Nació en plena revolución de Octubre, en septiembre de 1947. Mi abuelo, propietario de una pequeña finca, era naturalmente miembro y colaborador del Movimiento de Liberacón Nacional (MLN), el movimiento ultraderechista que amparado en el Cristo de Esquipulas y avalado por los gringos derrotó a la revolución arbencista. 

Con mi querida Tela, una temporada
en la finca (1964)

Cuando la Griselda nació, mi Tita y sus hijos ya se habían mudado a la casa de la 13 calle, pero pasaban sus vacaciones y muchos fines de semana en la finca. Ahí comenzó todo, me contó la Tela muchos años después. En unas vacaciones salió a pasear a caballo y en el camino de terracería por el que se entraba a la finca vio a una pareja de "mozos" llevando cargada una cajita de madera, en la que llevaban a su pequeño hijo muerto.
Los dos se pararon a su paso y la siguieron con la mirada. Una mirada de odio y de rabia tan grandes contra una niña de doce años que ella no pudo explicarse y según me contó, desde ese momento comenzó a indagar por qué se les había muerto de hambre y de pobreza el niño al par de "mozos" y también por qué la habían mirado con tanto odio y tanta cólera. Así fue como comenzó a dejar de ser la niña Griselda y a convertirse en la Capitana María.

Mural hecho por los compas desmovilizados de las FAR,
en la cooperativa donde la Griselda
está enterrada.Ella aparece en la esquina derecha 

Por supuesto que su conversión de niña acomodada a dirigente revolucionaria fue gradual. Tan gradual que le dio tiempo de gozar una juventud de viajes, estudios y diversiones. Según me cuenta mi madre, cuando ella, recién casada, llegó a vivir a la "casona" de la Trece, la Gris era la alegría y alma de ese hogar.  Mi mamá le llevaba dos años e inmediatamente se hermanaron en una fuerte amistad. Se ponían vestidos iguales, se metían por los tejados a una casa abandonada en la vecindad, patinaban...todo esto mientras yo era cuidada por mi Tita, madre sustituta de una nieta que era hija de dos adolescentes.
La Gris fue creciendo y madurando, finalmente se graduó de secretaria, estudió un tiempo Arquitectura y pintura y por último, acompañada por mi tía Thelma Córdova (de quien debo escribir un día de estos), y su amiga María Eugenia Vásquez, se fue a Alemania con solo 21 años y la exigua suma de cien quetzales que le mandaba mi abuelo.
Con su gran don de gentes y una simpatía natural que muy pocos pueden presumir, la Griselda logró que el cónsul guatemalteco las becara para estudiar diplomacia. También aprendió alemán y tuvo un par de novios. Pronto regresó y apenas aterrizando, la realidad guatemalteca la volvió a golpear en el rostro. Mi tío Arnoldo Orantes (el Capitán Raúl), ya se había vinculado con las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) y comenzaba a estar en la clandestinidad. A través de su hermano conoció al que luego sería su esposo, el comandante Pablo, con quien procreó una hija y dos hijos, en medio de la lucha, la clandestinidad y la montaña.
Conozco muy poco de sus años como militante, pero sé que destacó por su valentía y claridad ideológica. Jamás vendida a la burguesía ni traidora a los ideales revolucionarios, la Capitana tuvo a su cargo muchas tareas en su organización. Entre ellas, la formación de niños campesinos a los que enseñó a leer y escribir, las comunicaciones por radio y la elaboración de documentos teóricos sobre la guerrilla y la revolución.
Una anécdota que pinta muy bien a mi familia es que, como atea, la Gris no iba a bautizar a ninguno de sus hijos, pero su tía Elvira llevó a la mayor a bautizar a escondidas, "para hacerle un favor". Como dirigente revolucionaria nunca abandonó su formación y fue parte del primer grupo que estudió periodismo, cuando en los setenta se formó la Escuela de Ciencias de la Comunicación.
Siendo miembro de una organización que me atrevo a llamar de cierto corte estalinista, ella nunca perdió su sentido del humor ni su buen gusto. Una ex militante de las FAR me contó que su puesto de radiocomunicaciones era una cabaña de madera que ella tenía decorada con toda clase de flores y plantas. Cuando se estaba negociando la "paz", ella debió viajar mucho y en uno de esos viajes, mientras estaba en España, asistió a un concierto de Rolling Stones que gozó como una adolescente. En determinado momento de su vida, una rara enfermedad la atacó y la dejó inmovilizada, pero no logró derrotar su amor por la vida y su alegría natural. Menos su sentido crítico y autocrítico. Murió poco después de que se firmaran los acuerdos de paz. Como revolucionaria y atea, pidió que su cuerpo fuera incinerado. Sus cenizas dieron vida a una ceiba que fue sembrada en la cooperativa Nuevos Horizontes, donde crece y seguramente siente la cercanía de sus queridos compañeros.